El Partido Socialista de Chile, gaitanismo y sus intelectuales recepción y reconfiguración programática entre 1948 y 1958

El Partido Socialista de Chile, gaitanismo y sus intelectuales recepción y reconfiguración programática entre 1948 y 1958

Nuestra Historia 

El presente artículo analiza el proceso de recepción y apropiación del Bogotazo y del gaitanismo por el Partido Socialista de Chile (PSCh), entre 1948 y 1958, a partir de la revisión de fuentes primarias. Segmentamos el análisis de la recepción en base a dos momentos, el primero (1948-1951) referido a los acontecimientos del 9 de abril de 1948, mientras el segundo (1952-1958) corresponde al análisis de la recepción a través del pensamiento de los principales intelectuales del socialismo chileno, y del movimiento gaitanista. En esa línea, la recepción del gaitanismo dentro del socialismo chileno en el primer momento permitió reafirmar tendencias nacionalistas y anticomunistas, mientras en el segundo momento reforzó las tendencias nacionales-populares que existían dentro del Partido Socialista de Chile, así como permitió enriquecer debates fundamentales como el de “democracia”, aportando a su proceso de unificación .

Autores: Javiera Adones Soto Localización: Revista Divergencia, ISSN-e 0719-2398, Año 7, Nº. 11, 2018, págs. 69-95 Idioma: español.

 

METODOLOGÍA: HISTORIA TRANSNACIONAL Y LA RECEPCIÓN

 

Para analizar este proceso de recepción utilizaremos la definición propuesta por Horacio Tarcus, el cual lo concibe como un “proceso mayor de producción/difusión intelectual” (2007, p. 14), donde puede distinguirse entre productores, difusores, receptores y consumidores de las ideas, aunque estos procesos se pueden llevar a cabo por un mismo sujeto de forma simultánea y en la práctica son difícil de precisar los límites de cada acción. En esa línea, afirma que el proceso de producción y circulación de ideas no se puede dividir de formas temporales sucesivas, sino que son distintos “momentos, a cada uno de los cuales corresponden ciertos tipos de intelectuales, estos son, de sujetos específicos que desarrollan capacidades y habilidades concretas” (2008, p. 15). Estos momentos son: el de producción, de la difusión, de la recepción y de la apropiación, en nuestro trabajo nos centramos en la recepción y apropiación, lo que no quiere decir que no estén presentes los otros momentos.

Por otra parte, de acuerdo al trabajo de Eduardo Devés quien estudia el proceso de circulación de ideas en el espacio periférico señala que “la noción de influencia conlleva en gran medida la pasividad del receptor en tanto que la noción de “circulación” tolera mejor cuestiones como los modos de recepción y de reelaboración” (Devés, 2005, p. 1), por lo tanto la circulación es un proceso que conlleva una práctica activa por parte de los sujetos u organizaciones que recepcionan. Además, esta circulación no se produce de modo análogo en los distintos espacios, existen distintos factores, que pueden ser desde situaciones personales, coyunturales o hasta estructurales, que son las que van determinando el cómo circulan y se recepcionan los procesos históricos (Devés, 2005, p. 1-16).

Por último, el trabajo de Federico Duarte, que es complementario a la explicación que nos entrega Tarcus y Devés, este fenómeno de circulación y apropiación se da en un contexto de ideas y prácticas preexistentes las que condicionan la forma en que son recepcionadas y resignificadas por los sujetos los nuevos elementos, es decir son aterrizadas y analizadas para ser o no adaptadas al contexto al cual llegan (Duarte, 2009, p. 1-14), lo que finalmente permite que esta circulación de ideas y prácticas se signifiquen de acuerdo al contexto preexistente. Por lo tanto, al mismo tiempo que se produce la circulación y recepción, también se produce la apropiación, siendo procesos complejos que podemos diferenciar en términos analíticos para su mayor comprensión, y es a partir de estas consideraciones que analizamos la recepción del caso colombiano por parte del socialismo chileno.

Por otro lado, para poder realizar este análisis es necesario responder a la pregunta de qué entendemos por proyecto político. Para esto utilizaremos los conceptos de dos autores, Luis Corvalán y Marcelo Casals. El primero denomina proyectos globales, que surgen en el contexto de crisis del modelo Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), a “las distintas propuestas de patrones de desarrollo para el país, cada una levantada y defendida por sectores sociales y políticos diferentes en concordancia con sus intereses” (Corvalán, 2002, p. 13), es decir, estos proyectos luchan por sus objetivos e intereses, generando nuevas formas de hacer política y poseen la característica de ser excluyentes. Para Casals, tomando como base lo señalado por Corvalán, afirma que los proyectos políticos se dieron en un período de generalizada creación política, y constituyeron formulaciones de cambios global, y a su vez estas se vieron tensionadas y retroalimentadas por el conflicto con los otros proyectos ya que estos constituyen opciones excluyentes de desarrollo social y político. Asimismo ambos concuerdan en que estos proyectos no son estáticos por ser construcciones colectivas que continuamente van modificándose por las distintas influencias y coyunturas a las que se vieron expuestas, además no son construcciones “unívocas ni monolíticas” esto se debe a que estos proyectos se componen de diferentes organizaciones las que se encuentra en conflicto que no terminan por resolverse completamente, por último, Casals agrega que estos proyectos globales no son propios a un solo sector social, sino que las bases de apoyo a cada uno fueron cambiando, debido a coyunturas y niveles de atracción que generó uno u otro (Casals, 2010, p. 5-282).

En cuanto a las fuentes utilizadas, consisten en documentos partidarios (de difusión interna y externa) y revistas de la organización. la importancia de las fuentes se relaciona con poder analizar tanto las versiones oficiales del partido socialista, como también los debates internos de la organización, y poder evidenciar la recepción y resignificación que realizan los socialistas chilenos.

A nuestro parecer para el socialismo chileno la recepción del proceso colombiano tuvo diferentes alcances que hemos dividido en dos momentos. En primer lugar, entre 1948 y 1951, se recepcionan los sucesos acontecidos a partir del asesinato de Gaitán el 9 de abril de 1948, es decir la coyuntura política, lo que permite la ratificación de tendencias nacionalistas y anticomunistas dentro del PSCh, línea encabezada por Bernardo Ibáñez y que reafirma su tesis del Tercer Frente. En segundo lugar, entre 1952 y 1958, superando la recepción meramente coyuntural, se realiza la recepción y apropiación de la construcción del movimiento gaitanista y su proyecto político, en particular de los aportes de Antonio García referidos a las definiciones políticas sobre nacionalismo y democracia, que permitieron reforzar tendencias existentes en el Partido Socialista Popular (PSP) y en el Partido Socialista de Chile (PSCh), en particular lo que se denominó como la línea nacional-popular en la que encontramos a Julio César Jobet, Eugenio Gonzalez y otros, asimismo esta resignificación permitió nutrir la tesis del Frente de Trabajadores, y reforzar su proceso de unificación al coincidir en la lectura del periodo de cada organización.

 

I.- EL PARTIDO SOCIALISTA DE CHILE: ENTRE QUIEBRES, DIVISIONES Y CONSTRUCCIÓN PROGRAMATICA

 

Durante fines de la década de 1940 y la década de 1950, el Partido Socialista de Chile, se caracterizó por vivir grandes transformaciones, que se venían gestando desde el propio origen del socialismo chileno, el cual surge a partir de la fusión de tendencias ideológicas que iban desde el nacionalismo, el troskismo, anarquismo, entre otras. Estas tendencias Qué Pasaron agruparse en el Partido Socialista de Chile, para la década de 1940 se encontraba en franco retroceso por los múltiples quiebres y divisiones que transitaba, perdiendo parlamentarios y legitimidad dentro de la población. Durante este periodo se configuraron dos posiciones que fueron las más relevantes: la “tercer frentista” liderada por Ibáñez y la “revolucionaria” liderada por Raúl Ampuero, esta última critica a la línea del Tercer Frente por ser una política oportunista, que se basaba de forma parcial en el contexto internacional, ya que buscaba ser una alternativa fuera del área de influencia de los soviéticos por un lado y de los norteamericanos por otro, de ahí su nombre. Finalmente, lo que buscaba era encontrar una posición que le permitiera negociar y participar del gobierno, sin embargo, esta línea política no tuvo mayor aceptación dentro de los militantes. En cambio, la posición encabezada por Raúl Ampuero, y respaldaba por la mayoría de la organización “rechazaba la persecución del Partido Comunista y del movimiento sindical, porque levantaba una crítica de izquierda a ese partido, contra las concepciones de “unidad nacional” y la incondicionalidad hacia el estalinismo demostradas por los comunistas” (Elgueta Becker, 2015, p. 215). Por lo cual, a pesar de las criticas, no podía apoyar la represión de un partido democrático, siendo esta postura la respaldada por el Comité Central del Partido.

Por otra parte, en noviembre de 1947 se realiza la primera y única Conferencia Nacional del Programa, que tenía por objetivo la construcción de un instrumento estratégico, que permitiera la unión entre teoría y práctica, allí “se planteó la lucha por una República Democrática de Trabajadores ella puso de relieve ideas que se desarrollarían con posterioridad sobre la reducción del papel del Estado en el proceso de socialización de los medios de producción y la reivindicación humanista del trabajo como factor económico y supremo valor social, confiriéndole además a la democracia la función de ordenamiento institucional del socialismo.” (Jobet, 1971, p. 207). El Programa construido en 1947 da cuenta del crecimiento y maduración del socialismo chileno, donde se reafirman definiciones políticas e ideológicas, que desde la Declaración de Principios de 1933 habían sido opacadas por el trabajo electoralista y por los propios conflictos internos del partido. Como señala Jobet “en ella se definieron las bases teóricas del socialismo, de acuerdo con la realidad surgidas de la segunda guerra mundial y se trazaron líneas fundamentales de un renovado y completo programa” (1971, p. 207)

Sin embargo, en 1948, cuando se presenta el proyecto de la Ley de Defensa a la Democracia, el partido nuevamente entra en uno de los conflictos que traería un nuevo quiebre, debido a que la facción que sostenía la tesis del Tercer Frente, continuó dando el apoyo a González Videla y la represión que ejercía contra el Partido Comunista de Chile y al movimiento sindical, por lo que el grupo anticomunista de Ibáñez es expulsado del Partido Socialista de Chile y constituyen el Partido Socialista de los Trabajadores, sin embargo, el Conservador del Registro Electoral le asigna al grupo ibañista el nombre de Partido Socialista de Chile, debiendo el grupo ampuerista adoptar el nombre de Partido Socialista Popular. Durante la década de 1950, éste último desarrolló la línea de Frente de Trabajadores que vino a cristalizar las definiciones políticas que habían desarrollado desde 1947, la cual poseía un carácter marcadamente clasista y unitario, realizaba una crítica al colaboracionismo de periodos anteriores, y postula la imposibilidad de la burguesía nacional y de las clases medias de realizar la fase democrática burguesa de la revolución, lo cual parte de la constatación de que la burguesía nacional es aliada al imperialismo (Elgueta, 2015; Garrido, 2017).

La línea del Frente de Trabajadores, en este sentido, es resultado del desarrollo continuo de la línea política de independencia partidaria aprobada en 1946 y sustentada por el programa de 1947, la cual está definida en su desarrollo ideológico por la experiencia partidaria de colaboración, crítica, discusión y faccionalismo que caracterizaron al socialismo chileno durante el periodo. De esta forma, la trayectoria de la línea socialista aparece en función de la crítica a la experiencia colaboracionista, enfatizando en una política de clase para la disputa y conquista del poder. Por lo que, la tesis del Frente de Trabajadores concibe que sólo los sectores de extracción social obrera y proletaria son capaces de llevar adelante las transformaciones estructurales que permitan construir el socialismo, rechazando por completo la tesis de la revolución democrático-burguesa, propuesta por los comunistas (Elgueta, 2015; Jobet, 1971; Garrido, 2015). De acuerdo a estas experiencias se concluye que en términos generales no existe potencial revolucionario de los sectores burgueses asignando un papel preponderante a los “trabajadores manuales, intelectuales y campesinos” para el derrumbe de un régimen “oligárquico, semi feudal y semi colonial” que permita dar paso a una República Democrática de Trabajadores (Elgueta, 2015, p. 256), asimismo, la estrategia y táctica adoptada responde a un horizonte mayor, este corresponde a la creación de un Estados Nacional Revolucionario, enfatizando en el carácter antiimperialista y antioligárquico que tendría el Estado en manos de los Trabajadores (Fernández, 2017, p. 26-49).

En 1952, durante las elecciones presidenciales, el Partido Socialista Popular brinda su apoyo a Carlos Ibáñez del Campo, lo que puede comprenderse debido a las tendencias populistas dentro de la organización, presentes durante toda la trayectoria política del socialismo chileno, también ligado a las posiciones nacionalistas, es por ello que puede ser entendido que den apoyo al mismo caudillo que los había perseguido en años anteriores. Los socialistas encontraron en Ibáñez la llama del antiimperialismo, junto con un sentimiento antioligárquico que no había desaparecido. Sin embargo, no era un candidato que representara a la izquierda chilena, sino que sostenía un programa que continuaba la modernización capitalista iniciada por los gobiernos radicales, y buscaba el apoyo de la población con un discurso basado en desprenderse de los partidos políticos que antes habían gobernado. Por lo señalado, existió un grupo de militantes del PSP que no estuvo de acuerdo con brindar el apoyo a Ibáñez del Campo, y más aún cuando durante la década de 1920 se le había caracterizado como un dictador. En los militantes que rechazaron apoyar a Ibáñez del Campo, encontramos a Salvador Allende, estos pasaron a fusionarse en el Partido Socialista de Chile, dirigidos por Bernardo Ibáñez y Juan Bautista Rossetti, los denominados “colaboracionistas”. Al ingresar este grupo de militantes, y debido al proceso de izquierdizacion encabezado por Armando Mallet que se venia dando, se termina por expulsar al grupo anticomunista de Bernardo Ibáñez (Benavides, 1988, p. 17).

Por otra parte, el Partido Comunista de Chile, aún en la clandestinidad, en conjunto al Partido Socialista de Chile deciden apoyar la idea de levantar una candidatura que representará a los partidos de izquierda, “la que se formalizó a través del llamado Frente del Pueblo, integrado por el PS y el PC.” (Elgueta, 2015, p 135). Este es un importante acontecimiento dentro de las relaciones socialistas-comunistas, donde Allende cumple un rol principal, como mediador y como figura de gran popularidad entre las masas populares. En tanto, el periodo de 1953 a 1957 se caracterizó por ser uno lleno de “definiciones y de unidad tanto para el Partido Socialista como para la izquierda en general, y el movimiento sindical en particular” (Elgueta, 2015, p. 246), lo que se materializó en que en 1953 se forma la Central Única de Trabajadores (CUT), dando un nuevo estímulo a la actividad sindical, tras la disolución de la CTCH en 1946. Por otro lado, en 1955, en su XVI Congreso de Valparaíso, el PSP adoptó oficialmente la tesis del Frente de Trabajadores, la que logró también imponerse en la creación del Frente de Acción Popular (FRAP), una alianza entre el PS, el PSP, el PC y otros partidos menores, formada en 1956.

El apoyo al gobierno de Ibáñez del Campo dura por un breve periodo de tiempo, prontamente el PSP se retira del gobierno, esto es expresado en su XV Congreso de San Antonio, donde declaran que “al retirarse del gobierno, el socialismo popular expresa el anhelo de las grandes mayorías nacionales para llevar adelante una firme política antioligárquica y antiimperialista el Partido Socialista Popular hace una llamado a las fuerzas populares y nacionales que levantaron la postulación presidencial del señor Ibáñez (…) seguro de que el curso natural de los procesos sociales llevará muy pronto a los trabajadores a expresarse mayoritariamente en una República Democrática de Trabajadores”, es decir, el PSP reconoce la necesidad de configurar alianzas políticas que le permitan desarrollar su línea política y determina las características esenciales que las transformaciones deben poseer: antioligárquicas y antiimperialistas (Elgueta, 2015, p. 246).

Frente a este contexto es que ambas colectividades socialistas, deciden unificarse nuevamente. Tras las elecciones parlamentarias de marzo de 1957, los días 5,6, y 7 de julio se llevó a efecto el llamado “Congreso de Unidad”, donde confluyen el Partido Socialista Popular dirigido por Raúl Ampuero y el Partido Socialista de Chile, donde es electo como secretario general del Partido Socialista unificado; Salomón Corbalán, y finalmente la tesis del Frente de Trabajadores prevaleció en el Congreso de Unidad (Jobet, 1971, Elgueta, 2015; Drake, 1992).

La unificación socialista expresó su adhesión a los principios, programa y métodos del socialismo revolucionario, que responde a las voluntades de la clase trabajadora. Además, expresa su oposición al gobierno de Ibáñez del Campo, a los partidos burgueses y centristas, y se da como tarea el fortalecer el FRAP que hasta el momento no había logrado gran popularidad entre las masas trabajadoras debido a la falta de claridad política provocada por la actitud oportunista del Partido Comunista de Chile y también por la división del socialismo. Por lo que el socialismo unificado se propone dotar de una posición revolucionaria al Frente de Acción Popular y ser guía de las luchas del proletariado. Asimismo se “denunció la desviación derechista y antiobrera del gobierno de Ibáñez y el fraude de su política para contener la inflación e impulsar la actividad económica; condenó y desenmascaró a los partidos reaccionarios y centristas (Conservador, Liberal, Agrario-Laborista; Democracia Cristiana y Radical), al mismo tiempo, desestimó sus declaraciones confucionistas y demagógicas; reafirmó su oposición resuelta a la gestión del gobierno de Ibáñez; ratificó su amplia e firme adhesión al Frente de Acción Popular y declaró su irrenunciable derecho, y obligación histórica a llevar su propio candidato, surgido de una democrática convención, en las próximas elecciones presidenciales” (Jobet, 1971, p. 40). Los socialistas chilenos ahora luchaban por una República Democrática de Trabajadores a través de una alianza con el Partido Comunista chileno, materializada en el Frente de Acción Popular, antecedente directo de lo que luego sería la Unidad Popular.

El Partido Socialista a lo largo de la década de 1950 vive un proceso de radicalización política, desde el Programa de 1947 donde se plantean la transformación radical de sistema existente, pasando las definiciones políticas del PSP que terminarían expresados en la línea política de Frente de Trabajadores y finalmente con la unificación socialista en 1957, donde priman las definiciones políticas del socialismo Popular, sin embargo, si bien “en el plano ideológico se asumió una posición marxista privilegiando la vía armada, aunque de hecho se adoptó la vía electoralista” (Drake, 1992, p.6).

 

II.- JORGE ELIECER GAITÁN GARCÍA

 

Jorge Eliecer Gaitán Ayala, nace el 23 de enero de 1904 en la ciudad de Bogotá. Gaitán entra a la Universidad Nacional donde se titula de la carrera de abogado con la tesis “Las ideas socialistas en Colombia”, esta tesis da cuenta del interés de Gaitán por las clases populares y sus reivindicaciones sociales. En 1926 se traslada a Roma a continuar sus estudios de posgrado, aquí Gaitán llega a la Italia fascista de Mussolini, donde puede presenciar las manifestaciones. Durante este periodo “aprendió que la palabra constituye el más poderoso y terrible instrumento de sugestión popular” (Arce, 2012, p. 9). La oratoria de Gaitán fue una característica particular y fundamental en la trayectoria política del mismo y mientras estuvo en Italia fortaleció y maduró esta cualidad de mano de los grandes oradores del fascismo italiano, además de formarse para conducir instrumentos de difusión y propaganda política, y al igual que a las masas, conduciéndolas en forma técnica y hacia fines concretos (Arce, 2012, p. 1-52), esta etapa es esencial para dar cuenta de la trayectoria política de Gaitán, tanto de su práctica política como sus formulaciones teóricas, el estudiar bajo la Italia fascista marcará el resto de su vida.

Gaitán y el movimiento gaitanista presentó una posibilidad de representación popular y de una redistribución más equitativa de los recursos del Estado que, sin salir de los partidos tradicionales, logra centrar su discurso en reivindicaciones sociales en beneficio de la población precarizada. Por esto el gaitanismo se concibió como “popular, de lucha de clases, encuadrado en un repertorio populista con su caudillismo mesiánico, con acento en la distribución de la riqueza y la abolición de los privilegios, pero igual en el marco de un Estado social de derecho y de la democracia” (Sánchez-Ángel, 2008, p. 20). Por lo tanto, el movimiento gaitanista se caracterizó por buscar de la democratización de la sociedad colombiana, la nacionalización de los recursos naturales y la industria, a través de un movimiento nacional y con rasgos populistas.

Por otro lado, el movimiento gaitanista no se trató de una organización con una estructura orgánica definida, es por eso que se puede señalar que se trata de un movimiento político, aunque también ha sido caracterizada como una movilización social. Por otro lado, a Gaitán no lo podemos considerar como un revolucionario, sino un reformista, la diferencia es que estas reformas radicales se exigieron con movilización popular. También es considerado un líder populista, no obstante, se trata de un caso particular de populismo en Latinoamérica ya que este nunca accede al poder estatal, en este sentido se trataría de un “populismo inconcluso” (Acosta, 2014, p. 140).

De todas formas se transforma en una experiencia fundamental para el movimiento popular colombiano, ya sea desde una perspectiva clasista o dentro del liberalismo más radical, para ambos es un símbolo de la lucha por la democratización del país. Por lo tanto, el gaitanismo representó un movimiento populista democrático, ya que interpelaba a las masas populares por medio de consignas democráticas y nacionalistas, donde se enfrenta al interés de la oligarquía, no obstante, carece de una perspectiva de transformación global de la sociedad y sus relaciones de propiedad y trabajo.

No obstante la temprana muerte de Gaitán, el gaitanismo logra marcar la historia de la sociedad colombiana, siendo uno de los movimientos más importantes que criticaron las grandes desigualdades en la población de Colombia, dando cuenta que la mayor parte de la sociedad tenía precarias condiciones de vida. Igualmente, podemos señalar que el carácter policlasista del movimiento gaitanista, su indefinición como un movimiento de clase, y la cultura bipartidista de la sociedad colombiana permitió que Gaitán pudiera construir un proyecto político que se define como antioligárquico e antiimperialista dentro de un partido donde está presente la oligarquía del país.

Gaitán se puede dividir en dos etapas de su pensamiento y proyecto políticos, sin desconectarse una de la otra, tienen centros diferentes. La primera etapa podría definirse desde los comienzos de su carrera políticas hasta su reintegración al Partido Liberal en 1935, donde su “radicalismo populista” (Tirado, 1978, p. 102-185) es reemplazado por una posición más conciliadora para la oligarquía, aunque de igual manera su partido se divide para las elecciones presidenciales de 1946. Finalmente el 9 de abril de 1948, es asesinado por Juan Roa Sierra, quien es golpeado hasta la muerte por la multitud que se encontraba alrededor, y arrastraron el cuerpo desnudo por las calles hasta el palacio presidencial. A partir del Bogotazo, el país realiza un viraje político hacia la derecha, aislando a la izquierda comunista y luego ilegalizándola, y derrotando al populismo de Gaitán, además una de las consecuencias más relevantes de los sucesos del 9 de abril los intereses geopolíticos de EEUU primaron en el continente, estableciendo el clima anticomunismo como dogma continental (Archila, 2009; Gilholdes, 1996).

En cuanto a Antonio García, fue uno de los principales intelectuales de gaitanismo, el cual fue fundamental en la elaboración de su programa conocido como Plan Gaitán, diseñando el programa económico en particular. Fue participante del movimiento gaitanista, pero no fue miembro del Partido Liberal como Gaitán, a pesar de lo cual trabajó con sus adherentes dentro del movimiento. Perteneció a los sectores más radicalizados del mismo y ya para la muerte de Gaitán construyó camino propio formando el Partido Socialista de Colombia, además participó en diversos círculos intelectuales, uno de los más importantes fue el Instituto de Capacitación Reforma Agraria (ICIRA), institución creada en 1964 por un convenio del PNUD con el gobierno de Chile, este se constituyó como el principal centro de investigación sobre reforma agraria en Chile y entregó grandes aportes al resto del continente, sobre todo en lo que respecta a trabajo con cooperativas agrarias. ICIRA se convirtió en un espacio de recepción y difusión, donde participaron varios intelectuales del continente, entre ellos Paulo Freire, Paulo de Tarso Santo, Plinio Sampaio, además de Antonio García. Asimismo, es un espacio de difusión y generación de conocimiento que permite el intercambio de experiencias y procesos políticos de los distintos países de los cuales provenían los intelectuales, por ejemplo, Brasil y Colombia. Su trabajo dentro del movimiento gaitanista fue fundamental debido que permite la cristalización del carácter antiimperialista y antioligárquico que pregonaba el movimiento.

 

III.- LA RECEPCIÓN DEL MOVIMIENTO GAITANISTA EN EL SOCIALISMO CHILENO

 

El Partido Socialista de Chile durante su trayectoria política ha puesto especial atención en analizar los distintos procesos histórico-políticos que han acontecido en el continente, y en especial en los países en que hay presencia de otros partidos socialistas. Por es necesario comprender cómo estos procesos influyen y si fueron apropiados y resignificados o no, en la construcción programática del socialismo chileno.

La recepción del proceso colombiano en el Partido Socialista de Chile (PSCh) podemos explicarla en base al análisis de la práctica política de Gaitán y el movimiento gaitanista, y además de la resignificación teórica que realizan a partir del estudio de este proceso. Considerando estos elementos podemos señalar las formas, espacios, actores y dinámicas de recepción. Asimismo, consideramos que estos elementos se presentan en distintos periodos del Partido Socialista de Chile: un primer período que corresponde la recepción de los acontecimientos de forma inmediata, es decir, desde el mismo despliegue del gaitanismo y cuando sucede el asesinato de Gaitán y el Bogotazo; y luego en un período posterior, cuando se analiza la construcción programática del movimiento gaitanista, en especial, luego de producida la unificación del socialismo chileno.

a) Los primeros antecedentes de la recepción: Congresos, Conferencias y diplomáticos militantes

En primer lugar, analizaremos las formas y actores de la recepción del proceso colombiano, entendiendo a estos como las vías y vehículos por el cual el Partido Socialista de Chile recibe e interpreta el proceso colombiano, es decir, agrupaciones, militantes, publicaciones, folletos, u otros documentos orales o escritos, que nos permitan identificar las estructuras que dan soporte a la recepción. En este caso se pueden clasificar en tres ámbitos, uno son congresos y organizaciones latinoamericanas, principalmente promovidas desde partidos políticos, una segunda forma son diplomáticos y/o militantes del Partido Socialista, y el tercero son los círculos intelectuales socialistas latinoamericanos, donde los centros de investigación y las editoriales de los partidos juegan un rol fundamental en la difusión y resignificación de estos procesos.

Los congresos y organizaciones latinoamericanas fueron importantes espacios de recepción, circulación de ideas, experiencias y discusiones políticas. Desde sus inicios el PSCh participa activamente de estos: en 1939 en el Congreso Internacional por la Democracia realizado en Montevideo, en 1940 en el Congreso de Partidos Democráticos de América Latina realizado en Santiago de Chile, también en el mismo lugar pero en 1946 se convoca al Congreso de Partidos Socialistas y Populares, también en abril de 1958, se realizó una tercera reunión del Comité Consultivo de Partidos Socialistas de América Latina.

Estos últimos son relevantes para el socialismo chileno, ya que, les permite reafirmar definiciones políticas que venían formulando desde sus inicios además permitirles construir redes políticas en el continente. En el Congreso continental de 1940 los socialistas chilenos, reafirman lo decidido en su II Congreso General Extraordinario realizado en mayo del mismo año, donde definieron su posición antifascista y americanista, asimismo la instancia tuvo por objetivo analizar la situación del continente frente a la Segunda Guerra Mundial, y de aquella participaron delegaciones argentinas, bolivianas, ecuatorianas, peruanas, venezolanas, entre otras.

Para nuestra investigación es relevante dar cuenta de la participación de una delegación del sector izquierdista del Partido Liberal colombiano, ya que corresponde a un primer antecedente de la participación del PSCh en conjunto con políticos colombianos, donde ya podemos observar análisis comunes entre ambas organizaciones, como la importancia de coordinación de las fuerzas populares de la región para la defensa de la democracia y las relaciones de América con Norteamérica (Allende, 1983). De acuerdo a esto se resolvió que existía la necesidad de formar una Confederación Latinoamericana de Partidos Democráticos Populares, que permita vincular permanentemente a las organizaciones, intercambiar información, unificar ideas y acciones en común como, por ejemplo: actuar a favor de la unidad de los pueblos del continente, defensa contra toda penetración extranjera, defensa y perfeccionamiento de la democracia, la construcción de justicia social y defensa de la soberanía continental (Allende, 1983; Jobet, 1971). Como anunciamos anteriormente, podemos señalar que la recepción no responde a un solo momento de interés por el proceso colombiano, sino que la relación entre ambos se construye a lo largo del tiempo, sin embargo, corresponde a énfasis distintos de acuerdo al contexto internacional y local. En cuanto al Congreso de 1946 constituye uno de los primeros acercamiento de los socialistas chilenos directamente con Gaitán y el movimiento gaitanista. Jorge Gaitán, ya consolidado como líder del Partido Liberal colombiano, escribe una carta donde expresa la necesidad de la unidad de los partidos socialistas a nivel continental, dando cuenta de su apoyo a esa instancia y a las resoluciones que ahí se tomaron (Tapia, 1948; Allende, 1983). Estas resoluciones fueron expresadas a través de una declaración de principios, donde se establecía que:

“Los trabajadores de todo el mundo y los pueblos coloniales y dependientes están empeñados en una lucha decisiva para eliminar las causas de la guerra, destruir el imperialismo y los regímenes totalitarios, conjurar las crisis económicas periódicas y abatir la miseria de las masas. Los partidos representados en este Congreso declaran participar con todas sus fuerzas en esta lucha por la Democracia y la Paz, la libertad nacional, la planificación de la economía en escala nacional, continental y mundial y el mejoramiento de las condiciones de vida de los pueblos. La industrialización de América Latina, para neutralizar la presión del capitalismo extranjero, debe determinar una política económica dirigida a diversificar nuestras economías monoproductoras, a asegurar un mercado continental y evitar la instalación de industrias artificiales que vengan a competir con las básicas de otra nación americana, y lograr la elaboración en cada país de las materias primas que se producen en su suelo. La transformación y el progreso de América y su participación en una nueva organización mundial, requieren la unidad económica y política de las naciones que la integran para constituir una Confederación o Anfictionía. Los partidos representados en este Congreso declaran sus propósitos de mantener sus relaciones fraternales con toda organización política internacional, que coincidan con sus aspiraciones generales y respete la autonomía de los partidos y entidades regionales de América Latina.” (Tapia, 1948, El Socialismo Triunfará)

En esta declaración, se establecen, más allá de principios comunes, un programa común para América Latina, con características antiimperialistas y antioligárquicas, estas se ven expresadas en ambos programas, tanto en el socialismo chileno como en el gaitanismo. Además se establece la lucha contra “los totalitarismos”, es decir, se define y se toma distancia la posición de la Unión Soviética.

En abril de 1958, se realizó la tercera reunión del Comité Consultivo de Partidos Socialistas de América Latina donde participaron como observadores Luis Emiro Valencia y Jorge E. Villa Cantillo, ambos miembros del Partido Popular Socialista Colombiano y discípulos de Antonio García, en esta instancia se reafirmaron las definiciones antiimperialistas. Mientras que también se desarrolló la I Conferencia de Expertos Económicos Socialistas de América Latina, donde las temáticas tratadas fueron respecto a las problemáticas y propuestas para el “desarrollo económico-social de carácter nacional y los alcances de la integración económico-social de América Latina, tanto respeto a reformas inmediatas como de metas futuras” (Jobet 1971, p. 46).

Esta serie de Conferencias y Congresos son una de las vías más importantes de recepción para los socialistas, debido a que participan varias organizaciones socialistas y de izquierda en general, que permiten conocer e intercambiar informaciones de primera fuente. Además, contribuye a la construcción de redes de intelectuales, quienes realizaban sus propios Congresos según su área académica.

Por otro lado, encontramos la incidencia de las relaciones políticas establecidas entre militantes socialistas y diplomáticos chilenos, en este caso particular, la relación entre Bernardo Ibáñez y Julio Barrenechea.

En este caso la difusión del proceso colombiano y del proyecto gaitanista se realiza a través de un miembro del Partido Socialista, Bernardo Ibáñez, dirigente sindical, miembro y diputado del Partido Socialista y perteneció a la corriente anticomunista de esta colectividad. Mediante los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores es posible conocer que el mismo 9 de abril se encontraba en Bogotá, Bernardo Ibáñez, quien, según los archivos oficiales, tenía fijada una reunión con Jorge Gaitán, lo que nos permite conocer el interés del Partido Socialista de Chile para reunirse con este. La reunión fijada con el líder del liberalismo fue mediante la solicitud que realizó el embajador chileno en Colombia, Julio Barrenechea, quien había sido militante del mismo partido hasta el quiebre por apoyar la promulgación de la Ley de Defensa de la Democracia, cuando abandona el Partido por diferencias ideológicas, que luego lo harán ser parte del Partido Agrario Laborista, y luego del Partido Nacional (Archivo Histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores, 1948), mientras que Ibáñez siguió siendo parte del socialismo chileno hasta su expulsión el año 1952.

La importancia de la visita y redes que existen en torno a Bernardo Ibáñez y su cercanía con el proyecto gaitanista se relaciona con la posición y tendencia que construye este militante socialista en torno a su figura. Como miembro de la agrupación de Acción Chilena Anticomunista (ACHA), junto a Oscar Schnake, Agustín Álvarez Villablanca, entre otros, forma la tendencia caracterizada como anticomunista y moderada dentro del Partido Socialista de Chile, además también eran cercanos a organizaciones nacionalistas. Por esta razón el bloque conducido por Ibáñez realiza acercamientos a proyectos como el gaitanista que son ejemplos de experiencias no comunistas, antimperialistas y nacionales, y que son útiles para la construcción programática y teórica del Partido Socialista de Chile. Y que, además tiene características populistas, lo que también atrae al PSCh, organización donde Bernardo Ibáñez era un caudillo más. Asimismo, le permite reforzar la tesis política del “Tercer Frente”, que conducía este sector del Partido Socialista de Chile.

Por otro lado, en cuanto a los aspectos ligados a la solidaridad, tanto Gaitán como el socialismo chileno ven como principal tarea “superar la convivencia panamericana” (Tapia, Sesión Parlamentaria, 1948). En el caso del PSCh, la solidaridad continental tenía un profundo sentido antiimperialista ya que tenía por objetivo superar la dominación norteamericana sobre el continente. Por esto, el Partido mira con interés los acontecimientos ocurridos en Colombia, ya que compartían el principio común del “latinoamericanismo”, y que desde sus inicios el Partido Socialista chileno declaran como objetivo la creación de una Internacional Latinoamericana que integre a fuerzas afines y que compartan una misma lucha, por eso reconocen en el proyecto gaitanista, a una de esas fuerzas progresistas en América Latina, es decir, un ejemplo de lucha contra el imperialismo norteamericano.

Asimismo, la lucha contra el imperialismo tenia objetivos concretos, como terminar con el sistema panamericano, el cual se había transformado en la forma en que Estados Unidos mantenían el control político y económico sobre América Latina. El sistema panamericano, debía ser reemplazado por un sistema de unidad política y económica para los países de Latinoamérica, sin presencia de los Estados Unidos, y el punto fundamental en esta lucha era la defensa de la democracia. Por lo tanto, era fundamental “la coordinación de las fuerza populares de América Latina hacia una política unitaria permanente para la defensa de la democracia” (Jobet, 1971, p. 149). La solidaridad continental, y con el gaitanismo, corresponde a la unidad latinoamericana en pos de la democracia y la independencia, que como primer objetivo tenía la formación de redes económicas que permitieran mayor independencia y control sobre las economías continentales.

En conclusión podemos señalar que para la primera etapa de recepción del proceso gaitanista, las organizaciones continentales son fundamentales para conocer, informarse y crear lazos con otros países, y en este caso, con Colombia. Asimismo los acercamientos con este proceso se vieron influidos por el carácter anticomunista que compartían algunas de las tendencias que estaban presentes tanto en el gaitanismo como en el socialismo chileno, así como también por el carácter antiimperialista que compartían ambos procesos, y en particular el interés por la construcción de redes económicas independientes de los totalitarismos; lo que también permitió el interés en el proceso colombiano durante el segundo período de recepción. De la misma forma, para el sector de Ibáñez, la recepción de este proceso permitió reafirmar su línea política del Tercer Frente, tomando el carácter antiimperialista desde una perspectiva latinoamericanista y antisoviética, como un elemento fundamental de la construcción programática y de alianzas políticas.

b) García Nossa y Jobet: ¿hacia proyectos nacionales-populares?

Por otra parte encontramos la recepción y resignificación del Bogotazo y del movimiento gaitanista a partir de uno de sus principales intelectuales: Antonio García Nossa. Este fue uno de los integrantes más relevantes del movimiento gaitanista, siendo un renombrado profesor de la Universidad Nacional de Colombia, se dedicó a construir gran parte del programa del gaitanismo, con énfasis en el ámbito económico, trabajando desde sus inicios con Gaitán, hasta el momento de su asesinato.

García llega a refugiarse a Chile después de la caída de Rojas Pinilla, ya que el Movimiento Socialista Colombiano había apoyado la dictadura bajo el argumento de que Rojas representaba una nueva opción al bipartidismo. García publica por primera vez en Chile en 1957, El socialismo colombiano y el plebiscito. Mensaje al pueblo colombiano, una carta que daba a conocer la situación política que vivía Colombia y daba cuenta de su postura al respecto. Sin embargo, su primera publicación sobre Chile es de 1942, un artículo titulado Tres aspectos de Chile, en la Revista de las Indias, Vol. 15, N° 46, por lo que su relación con Chile tiene larga data.

Desde la llegada de García a Chile las relaciones con los socialistas chilenos se van estrechando, ya que este encabezaba el Movimiento Socialista Colombiano, que había fundado luego de la muerte de Gaitán. De esta forma, los socialistas chilenos recepcionan de un militante e intelectual directo el proceso colombiano, cumpliendo un rol fundamental en la comprensión de la figura de Gaitán y del movimiento gatianista para el Partido Socialista de Chile. Gaitán fue una figura controversial y con múltiples matices, entonces ¿cuál es el Gaitán que García comparte con los socialistas chilenos? García caracteriza a Gaitán y al gaitanismo como un proyecto popular, nacional y democrático (García, 2015, p. 105-149), cuyos objetivos era la modificación del Estado de clase, la eliminación de la economía de competencia, el reemplazo del criterio individualista por uno socialista, la eliminación del privilegio de clase y la ampliación multi-dimensional de la democracia, es decir, en sus aspectos políticos, económicos y sociales (García, 2015, p. 105-149 ). Además, García define a Gaitán como un “socialista humanista”, por lo tanto, esa es la imagen que reciben los socialistas chilenos de Gaitán y el gaitanismo, la cual resultaba de gran interés debido a los debates acerca de la construcción de un proyecto político que también se caracterizaba como nacional, popular y democrático.

En cuanto a los actores que participaron del proceso de recepción, la principal contribución a este lo hace Julio César Jobet, quien divulga el trabajo de Antonio García Nossa en Chile a través de la editorial del partido. Según señala el mismo Jobet, dentro de la organización se estudian tres libros de García, estos son: Bases de la economía contemporánea, La Democracia en la teoría y la práctica, y La Rebelión de los Pueblos Débiles, siendo estos dos últimos publicados a través de la editorial Prensa Latinoamericana (PLA). Jobet menciona la gran contribución que realiza García a las discusiones teóricas y políticas de la izquierda socialista del continente. El mayor aporte que recoge el PSCh del proceso colombiano se relacionan con el carácter de la revolución en torno a dos conceptos, democracia y nacionalismo.

Dentro del socialismo chileno, varios intelectuales entre ellos, Oscar Waiss y Eugenio González, impulsaron debates en torno a nacionalismo y democracia dentro del Partido, a partir de un sinnúmero de escritos sobre dichas temáticas nos permiten dar cuenta del interés que existió sobre dichos elementos, tratando de generar una miranda continental, elemento que, entre otras cosas, buscaba la diferenciación con el internacionalismo comunista. Por otro lado, el tema de lo nacional o nación, era una de las grandes preocupaciones para el Partido Socialista Chileno, ya que una contradicción evidente dentro de la sociedad chilena era con el imperialismo norteamericano.

El problema nacional captó, de este modo, una dimensión mayor y pasó a constituir parte integrante de la construcción programática del socialismo chileno. Fueron los fundamentos de lo que más tarde se le denominará, “nacionalismo revolucionario”, o nacionalismo de nación oprimida, que en muchos países de América Latina – en este caso en Colombia- se elevó a niveles de teoría, constituyendo desde entonces fundamento ideológico de muchos partidos y movimientos demócratas revolucionarios.

En el caso concreto del Partido Socialista, constituyó parte importante de la fisonomía ideológica desde sus inicios, donde se da a entender que el nacionalismo de nación oprimida, es antagónico al nacionalismo de nación opresora, que es base del nacionalismo patriotero, “chauvinista”, y que es utilizado por algunos regímenes dictatoriales para unir a la nación rente a un supuesto enemigo externo.

Como hemos mencionado desde los orígenes del socialismo chileno el debate en torno a la nación y nacionalismo generó amplios debates dentro de la organización. En particular, podemos observar la trayectoria de este debate que permite entender el interés de los socialistas chilenos en Gaitán y el gaitanismo. Uno de estos antecedentes se encuentra en la Revista Rumbo, órgano a cargo de las Juventudes Socialistas del Partido, en 1936, escribe Julio Barrenechea sobre “Nuestro Nacionalismo” donde realiza un análisis sobre el nacionalismo mencionando la importancia de este concepto en especial para un país Latinoamericano, como Chile, donde el nacionalismo debe ser enfatizado “como fórmula de liberación antiimperialista” (Barrenechea, 1936, p. 9), a diferencia del nazismo donde su principal función es defender la violencia y al capitalismo. Barrenechea agrega que, “estamos, pues, en presencia del doble fenómeno de un socialismo que siendo por espíritu y doctrina internacionales se encuentra en la obligación de propugnar cierta firma de nacionalismo” (Barrenechea, 1936, p. 10).

Para el caso de la construcción del proyecto político de la UNIR, la plataforma que utilizo Gaitán desde 1933, el nacionalismo y el antiimperialismo fueron parte esencial para entender cómo se va posicionando dentro de los sectores populares, por eso declara: “deseamos y queremos un fuerte impulso nacionalista. Pero el nacionalismo nuestro tiene un contenido diverso de aquel de las grandes potencias. En estos países fuertes, de saturación económica y demográfica, la fuerza nacionalista necesariamente tiene un sentido centrifugo, conquistador sobre los pueblos débiles aun no saturados. En nuestros países débiles, por el contrario, el nacionalismo es necesariamente defensivo. Tiene una orientación centrípeta. Nuestro nacionalismo debe expresarse de dos formas: económica y psicológica. La primera defiende del abuso imperialista; la segunda –como sucede en México y Argentina- nos estimula a la creación de la cultura, el arte, la industria colombiana, por una ley elemental de la psicología, de acuerdo con la cual ciertas fuerzas profundas de egoísmo y de pundonor, encauzadas diestramente se expresan en vigorosa creación.” (Manifiesto del Unirismo, 1934)

En base a lo anterior, podemos observar que en ambas colectividades encontramos antecedentes del debate en torno al nacionalismo y encontramos las bases de la definición que realiza posteriormente Antonio García de “nacionalismo-popular”, este no se entendería sin el componente antiimperialista, por lo que esta base común permitiría el acercamiento de las dos organizaciones, en especial a sectores del socialismo chileno cercano a tendencias nacionalistas.

La recepción del movimiento gaitanista y en específico del trabajo de Antonio García Nossa es un reflejo de las discusiones en torno al desarrollo programático que existen en el Partido Socialista chileno. Asimismo, constituyó una herramienta para explicar la flexibilidad táctica que existió dentro del Partido, dentro del proceso de radicalización que vivía éste y que se reflejaba en el Programa de 1947 redactado por Eugenio González. Como menciona Luis Ortega, en el proceso de radicalización del socialismo chileno, juegan un importante rol Eugenio González, Clodomiro Almeyda y Julio César Jobet, quienes se nutren de las experiencias de los diferentes procesos latinoamericanos, siendo uno de estos el colombiano.

Igualmente, es necesario enfatizar, en que el proceso de recepción y apropiación supone un proceso crítico, por lo que entendemos que, el socialismo chileno, también selecciona y apropia los contenidos que le permite sostener elementos que refuercen sus propias tesis. En este caso, como mencionamos anteriormente, la mayor contribución que resignifica el PSCh sobre el trabajo de Antonio García se relaciona con su definición de “nacionalismo-popular”,

“el socialista colombiano Antonio García, en su reciente libro, denominado “La rebelión de los pueblos débiles” ha encontrado una excelente definición de la insurgencia continental: nacionalismo popular. Para él, la etapa actual se caracteriza por la “toma de la causa nacionalista por el pueblo” con el fin de administrar sus propios recursos y dirigir políticamente su propio destino. No se trata, entonces, de un nacionalismo vociferante y chauvinista, “armado económica y políticamente para la agresión”, sino que de un nacionalismo defensivo que reivindica para las masas trabajadoras el usufructo de las riquezas nacionales” [...] “Este nacionalismo popular ha comenzado a encontrar expresiones políticas cuya indefinición teórica refleja la formación heterogénea de su base social. Pero en la misma medida que responde a la realidad oprobiosa del coloniaje, borra la fisionomía política tradicional, tanto en su forma dictatorial como democrática. En la esfera de la relativa democracia continental se esfuman los partidos “históricos” conservadores, liberales, radicales, demócratas – y surgen con innegable valor los partidos de la Revolución Nacional – Acción Democrática, APRA, Febrerismo, MNR – pero en el fono de todo el proceso existe un impulso común: la tendencia nacional de los pueblos subyugados por el imperialismo, hecho que no puede ignorarse si se quiere tener una visión exacta de los acontecimientos [...] Los movimientos populares en América Latina están expuestos a todos los riesgos que derivan de una dirección inexperta y débil. Una cosa es buscar un camino propio y derroteros espontáneos y otra muy diferente, es despreciar la doctrina marxista e ignorar las relaciones de fuerza de las diversas clases sociales [...] La finalidad que debemos perseguir es la conjunción entre el nacionalismo popular y el bolchevismo militante, en el sentido de la abnegación y conciencia clasista de los cuadros del viejo partido bolchevique ruso.” (Ulises, Nacionalismo popular y socialismo militante, La Calle, 1954)

De acuerdo a lo anterior podemos afirmar que los socialistas chilenos resaltan el policlasismo socialista y el carácter antioligárquico que define García y que les permite reafirmar la tesis del Frente de Trabajadores, en especial su composición diversa, así como también van logrando vincular las tendencias revolucionarias y socialistas con las nacionalistas, posterior a su unificación, además de reforzar el programa con medidas en torno a la nacionalización de las riquezas. También el PSCh resignifica la importancia del movimiento gaitanista, haciendo de este un ejemplo para la construcción de un programa revolucionario, democrático y popular. En la misma línea, y complementando la definición anterior, Jobet problematiza en torno a la democracia, y se apropia de lo denominado por García como una “doctrina integral de la democracia”, que supera y sintetiza dialécticamente todos los procesos y conceptos parciales, entendiéndola como un completo sistema de vida. [...] La crisis de la democracia burguesas es definitiva, y la derrota militar del fascismo no resolvió la crisis de la democracia capitalista, simplemente porque el capitalismo ha dejado de ser un sistema económico favorable a la democracia (Jobet, 1958, p. 7)

Es así como Jobet, a partir de lo apropiado, señala que mientras exista capitalismo no puede existir un democracia plena, reforzando la idea de la necesidad un modelo político radicalmente distinto al existente y que debe tener como eje la democracia, no de cualquier tipo, sino que debe ser integral.

Por esta razón se hace relevante y significativa la afirmación del carácter antiimperialista del movimiento gaitanista y que plantea Antonio García en “La rebelión de los pueblos débiles”. De este libro, Jobet menciona como el aspecto más relevante la afirmación que realiza García sobre “una nueva división del mundo: en naciones opresoras y naciones oprimidas”, que es “la clasificación fundamental para los pueblos débiles, ya que el problema cardinal de ellos, su problema de vida o muerte, es el de recobrar o conquistar la soberanía de su destino...Si un pueblo no es dueño y responsable de su destino, no hay república, ni sistema representativo, ni democracia actuante, ni Estado nacional” (García, 1958, p. 6)

Asimismo, reconoce y utiliza la definición de imperialismo que realiza el intelectual colombiano, y señala que “según entiende Antonio García, hay imperialismo donde hay anexionismo, de carácter militar, financiero o político y consiguiente reemplazo del “derecho de autodeterminación de los pueblos” por las “razones del poder”, “el imperialismo no es sólo un sistema de conquista o subordinación hacia afuera, si también un sistema interno de poder que le sirve de base de operaciones: el resorte de ese sistema de poder ha sido siempre una oligarquía militar o financiera”. Toda tendencia imperialista esta movida por un principio de anexión, es decir, de subordinación práctica del derecho de autodeterminación de un pueblo al interés de una gran potencia; por eso desde el punto de vista de los países débiles y subdesarrollados, “el anexionismo es execrable, bien se realice a nombre del capitalismo financiero, el espacio vital o de la dictadura del proletariado. Porque siempre significa una cosa: perdida de los derechos a construir la propia historia y a dirigir responsablemente la propia vida...” (Jobet, 1958, p.3)

Esta definición política tiene una gran relevancia debido a que entrega una clara explicación de las formas de dominación y explotación que ocupa Estados Unidos sobre América Latina y que da cuenta de la importancia al momento de definir el carácter que debe tener la revolución socialista tanto en Chile como en el resto de los países del continente.

Además, el autor posteriormente profundiza en las definiciones de García, mencionando que, “el socialismo considera como imperialista toda tendencia movida por el intento de anexión o subordinación de una nación por otra, lo cual significa un atentado contra el derecho de autodeterminación de los pueblos. El socialismo califica de imperialista no sólo la anexión física, sino todos los actos que conduzcan a la subordinación militar, económica, política, cultural y religiosa de los pueblos por un poder extranjero.” (Jobet, 1971, p. 46)

Es decir, las definiciones de García permiten ampliar la definición y caracterización que se hace del imperialismo, al señalar no sólo la capacidad de invadir y utilizar un territorio, sino también la capacidad de subyugar a las sociedad a un poder foráneo.

En esta línea, a partir de lo que menciona Jobet, podemos señalar varias medidas programáticas que entendemos que tienen por objetivo la ampliación de los derechos sociales de la población enmarcado en un proceso de democratización. Estos elementos que menciona Jobet son, “la escuela única universal, gratuita y obligatoria; propugna una amplia planificación socialista; sostiene un extenso programa de socializaciones (banca y crédito, seguros, transporte, medicina y seguridad social, tierra y enseñanza), y afirma que una economía socialista puede y debe coexistir la propiedad social de la Nación, la propiedad social de los Municipios, la propiedad social de las cooperativas y la propiedad de las personas particulares.” (Jobet, 1958, p. 3)

De acuerdo a lo anterior señalamos que estas medidas también corresponde a lo que ya se venía gestando desde el Programa de 1947, reafirmando y dando énfasis al carácter nacional de las medidas, lo que responde a demandas comunes en base a un análisis político del continente similar en las dos organizaciones, donde se evidencian los problemas debido a una base económica y política común. Sin embargo, encontramos diferencias políticas entre el PSCh y el gaitanismo, acrecentadas por las definiciones tomadas por el “Congreso de unificación socialista” en 1957, donde se plantea el fiel compromiso al socialismo revolucionario, separándose completamente de las tendencias populistas -en teoría- que existían dentro de la organización.

En otro aspecto, Antonio García realiza una importante critica al movimiento comunista internacional, y en particular al rol que ha tenido el Partido Comunista Colombiano, “el Partido Comunista, el que después de veinte años de existencia no ha producido una obra fundamental de doctrina colombiana, ni una reforma profunda, ni siquiera un estado mayor de líderes. En cambio. Se le deben otras cosas; la división crónica de la izquierda en pequeños y cerrados islotes; la corrupción de un sindicalismo que no formaba la conciencia de los trabajadores sino los apetitos de sus líderes; la lucha mecanizada, implacable, y sin escrúpulos, contra los movimientos populares que estaban fuera del control político del partido; el empleo de los sindicatos en aventuras electorales; el uso anarquista de la huelga; la subestimación inicial de las reformas, con el argumento de que anestesiaban los sentimientos revolucionarios del pueblo y la conversión siguiente a un reformismo demagógico, sin profundidad y sin alcances populares; el descrédito de los ideales revolucionarios y el desprecio ante nuestra propia historia. Esta vaciedad solo puede explicarse por el “colonialismo ideológico”, por la carencia de autonomía crítica y por un servilismo tan completo en las tácticas, problemas y métodos de lucha, que en el partido comunista colombiano han operado los mismos factores de escisión que en seno del partido comunista ruso” (García, 1958, p. 4).

Por su parte Jobet se toma de esta critica, y enfatiza en la importancia de la capacidad que se debe tener para combatir al comunismo soviético que sería contrario al socialismo democrático. Por lo tanto, podemos establecer una continuidad en las tendencias anticomunistas dentro del Partido Socialista de Chile, que, si bien no primaron dentro de la organización, siguieron existiendo. También, Jobet utiliza la crítica realizada por García para problematizar en torno a la caracterización que se hace del Partido Comunista Chileno, estableciendo su dependencia de las líneas políticas entregadas por la Unión Soviética.

Por otro lado, entre las formas de organización y lucha, referidas a la identificación del conjunto de prácticas políticas desarrolladas, como por ejemplo los tipos de movilización, repliegue, acción, entre otras, podemos señalar el aspecto más importante de Gaitán y el movimiento gaitanista, esta fue la vía elegida para alcanzar el poder, y que podemos inferir que posee varias similitudes con lo que proponían una parte de los socialistas chilenos. En particular, la tendencia de Allende, la cual era a través de la vía electoral para acceder al poder.

Por otra parte, nos encontramos con otras características propias de Jorge Gaitán en los caudillos del Partido Socialista de Chile y podemos señalar que unas de las formas de organización en torno al gaitanismo que incidió en los socialistas chilenos se relaciona con la propia figura de Gaitán, caracterizado como un líder popular de masas.

Gaitán, definido por los socialistas chilenos como un líder americanista y antiimperialista (Tapia, Sesión Parlamentaria, 1948), además de ser “un líder idolatrado por la masa colombiana” (Tapia, 1948), movido por sus ideales de “justicia social, de alta moralidad pública y de bien en general” (Tapia, 1948), siendo la característica principal, distinta y atractiva para los socialistas chilenos la de ser un, “orador de envergadura especial, de profundidad, de elocuencia encendida y de conocimiento cabal de la psicología y aspiraciones de su pueblo, atraía a las multitudes, que no veían en él sólo a un hombre que pronunciaba determinadas sentencias, sino a un conductor que, a lo largo de toda su vida, había sido leal con sus principios y mantenía inalterable su fe en el pueblo y su decisión de levantar el nivel de vida de los sectores más postergados, y en especial, de los trabajadores colombianos.” (Tapia, Sesión Parlamentaria, 1948).

Al mismo tiempo, la oratoria de Gaitán fue una característica particular y fundamental en el trayectoria política del mismo y mientras estuvo en Italia fortaleció y maduro esta cualidad de mano de los grandes oradores del fascismo italiano. Al mismo tiempo, Enrique Ferri, quien militaba en el Partido Socialista italiano y que luego paso apoyar al fascismo, fue una de sus grandes influencias. Por lo que podemos señalar que existe una trayectoria en cuando a las formas y estilos políticos dentro del Partido Socialista de Chile, desde sus orígenes

Esta caracterización de la figura de Gaitán da cuenta de los interés que explican la atracción de los socialistas chilenos por éste, ya que también se aspiraba a conducir al movimiento popular y lograr reflejar las aspiraciones del pueblo chileno. Asimismo, es comparado por los socialistas chilenos con importantes figuras del socialismo mundial, Comparo su indignante y sorpresivo desaparecimiento con el de otros grandes líderes de movimientos sociales, como Jaures y Matteoti en Europa, y Sandino en tierra americana. (Tapia, 1948, Sesión Parlamentaria)

En este caso los dos primeros socialistas a los que hace mención fueron asesinados por nacionalistas franceses el primero y por el fascismo italiano el segundo. Por lo tanto, para los socialistas chilenos Gaitán era un representante de la lucha por el socialismo. Además, también representa la lucha continental antiimperialista siendo comparado con Sandino, lo que da cuenta de la importancia que tiene su figura para la organización y en la lucha por la independencia continental.

Finalmente podemos mencionar que los socialistas chilenos resignifican al movimiento gaitanista a partir del trabajo de Antonio García Nossa como un modelo de características similares a las propias, y que permiten reforzar definiciones y tendencias que se encontraban desde la fundación del Partido Socialista de Chile y en particular a partir del desarrollo teórico que proviene del Partido Socialista Popular, como lo son los debates en torno a democracia y nacionalismo. Al mismo tiempo, re fuerza elementos populistas en cuanto a la práctica política del Partido Socialista de Chile, en especial el carácter de caudillo-líder. Ambas características son elementos que dan continuidad y que se refuerzan mediante la recepción del proceso colombiano, por otro lado, el anticomunismo es un elemento de discontinuidad para este segundo período de recepción, a pesar de las criticas que le hacen al Partido Comunista de Chile. Si bien las criticas no desaparecen totalmente del socialismo chileno, sí pierden fuerza y el anticomunismo queda marginado de las tendencias predominantes, dando paso al afianzamiento de las relaciones con el Partido Comunista de Chile, y también podemos inferir que cobra especial interés la vía electoral para la toma del poder, así como la pretensión de crear un líder o caudillo que represente a las masas populares por las tendencias moderadas. Igualmente el PSCh, reafirma su tesis sobre el Frente de Trabajadores, mediante la apropiación de la definición que hace Antonio García sobre lo “nacional-popular”, así como también reafirma el carácter nacional como eje fundamental de su programa político.

 

CONCLUSIONES

 

Mediante el análisis de las fuentes del Partido Socialista de Chile afirmamos que el proceso colombiano, entendido como Gaitán, el movimiento gaitanista y los acontecimientos del 9 de abril, fueron relevantes en diferentes aspectos e intensidades de acuerdo al contexto interno del PSCh. Asimismo, es fundamental comprender el Bogotazo enmarcado en el contexto de Guerra Fría, siendo uno de los primeros sucesos que tienen directa relación con el conflicto este-oeste, y grafica como Lati- noamérica es una zona de influencia de Estados Unidos, y ante cualquier avance del comunismo -o cualquier movimiento que se defina como democratizador, como lo fue Gaitán- éste sería fuertemente reprimido. De acuerdo a lo anterior, la recepción del Bogotazo se relaciona con la caracterización del nuevo contexto de Guerra Fría.

En relación a la primera etapa de recepción del proceso gaitanista, las organizaciones continentales son fundamentales para conocer, informarse y crear lazos con el movimiento gaitanista. En esa dinámica, los acercamientos se vieron influidos por el carácter anticomunista que compartían algunas de las tendencias que estaban presentes tanto en el gaitanismo como en el PSCh, en particular la liderada por Bernardo Ibáñez. En definitiva, para ese sector la recepción de este proceso permitió reafirmar su línea política del Tercer Frente, tomando el carácter antiimperialista desde una perspectiva latinoamericanista y antisoviética como un elemento fundamental de la construcción programática y de alianzas políticas para el Partido Socialista de Chile.

En cuanto al segundo periodo de recepción y resignificación del proceso, este se da a partir de la vinculación con uno de los principales intelectuales del movimiento gaitanista, Antonio García Nossa. A partir de sus aportes se reafirman y refuerzan las tendencias nacionales-populares que existían dentro del partido, en especial lo que se venía desarrollando por el Partido Socialista Popular, enriqueciendo debates fundamentales como el respecto a “lo nacional” y a la democracia. En cuanto a lo primero se destaca el aporte de García para entender y relevar el carácter policlasista de su frente político, así como el carácter nacional de su programa. Dicha visión de lo nacional, se complementa a partir de la definición de la democracia como un modelo integral, el que sería radicalmente opuesto al capitalismo. De esta forma, se refuerza su línea de República Democrática de Trabajadores y el Frente de Trabajadores, y se intenta sintetizar las distintas tendencias que coexiste luego de la unificación socialista. En ese sentido, la recepción del proceso colombiano acerca de lo nacional y lo democrático, aportó a la dinámica que permitió acercamientos de los socialistas a la línea política del Partido Comunista de Chile, que serían fundamentales para reafirmar y sostener las alianzas políticas entre ambas organizaciones, materializándose primero en el Frente de Acción Popular, para luego dar paso a la Unidad Popular.

También en este período, el PSCh utilizó la figura de Gaitán para revalorar la importancia de un líder de masas, que permita agrupar a su base heterogénea y que sintetice las aspiraciones de estas, elemento que da continuidad a las prácticas y formas políticas utilizadas por el socialismo desde sus orígenes.

En síntesis, concluimos que entre 1948 y 1958 se estableció la recepción de la figura de Jorge Gaitán y del movimiento gaitanista de forma discontinua. En un primer momento nutre a la tesis del Tercer Frente encabezada por Bernardo Ibáñez, mientas en el segundo período permitió la reafirmación de la tesis del Frente de Trabajadores y la República de Democrática de Trabajadores. Por lo tanto, si bien la recepción del proceso esta presente en ambos períodos se diferencian en sus contenidos e intensidades de acuerdo al contexto interno del Partido Socialista de Chile.

 

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⦁ Ortega, Luis (2008) La radicalización de los socialistas de Chile en la década de 1960, Universum, Vol. 23, No. 2, Talca. 

⦁ Perez, Claudio (2019) Hacia una historia de la izquierda chilena desde una perspectiva transnacional: La vía chilena al socialismo y los procesos políticos latinoamericanos, 1952-1970, Izquierdas, Nº 48, p. 22-43. 

⦁ Sanchéz, Ricardo (2008) Gaitanismo y nueve de abril, en Revista Papel Político, vol. 13, número 1, p. 13-49, enero- junio, Bogotá, Colombia. 

⦁ Tarcus, Horacio (2013) “Marx en la Argentina: sus primeros lectores obreros, intelectuales y científicos”. Buenos Aires, Siglo Veintiuno editores. 

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⦁ Archivo Histórico Ministerios de Relaciones Exteriores de Chile. 

 

Javiera Adones Soto - Revista Divergencia: N° 11 / Año 7