PAKISTÁN: UN PASO ADELANTE, DOS ATRÁS EN CONTACTOS GOBIERNO-TALIBANES

26.09.2013 08:50

Comunicados y declaraciones mediante, el gobierno y los talibanes de Pakistán expresan su voluntad de sentarse a negociar, pero en el terreno de los hechos los dos bandos siguen en plan de franca beligerancia.

 

El ejemplo más palmario tuvo lugar el domingo último, cuando los rebeldes mataron en el noroccidental distrito del Alto Dir al mayor general Sanaullah Khan, quien regresaba de visitar un puesto de avanzada en la frontera con Afganistán.

Junto a Khan, el oficial pakistaní de más alto rango ejecutado por los talibanes en 10 años, murieron un teniente coronel y un soldado. El auto en que iban voló por los aires a causa del estallido de una bomba plantada a la orilla de la carretera que atraviesa el valle de Swat, en la turbulenta provincia de Khyber Pakhtunkhwa.

Poco después, el Tehrik-e-Taliban Pakistan, la organización que reúne a la mayoría de las facciones talibanes, se responsabilizó con el hecho.

Paradójicamente, su vocero, Shahidullah Shahid, acusó al gobierno de falta de sinceridad en sus propuestas de paz y le exigió retirar sus tropas de las áreas tribales del noroeste, así como liberar a todos los talibanes que tiene en prisión.

"El gobierno de Pakistán debe tomar medidas que generen un clima de confianza y eliminen dudas y sospechas. No podemos avanzar (hacia el diálogo) a menos que se acepten estas dos demandas", señaló Shahid.

Por su parte, el primer ministro Nawaz Sharif expresó en un inmediato comunicado que "El Ejército de Pakistán ha hecho grandes sacrificios para proteger a la nación de la amenaza del terrorismo y los actos cobardes de los terroristas no conseguirán menguar la moral de nuestras Fuerzas Armadas".

El atentado al mayor general Khan se produjo a menos de una semana de que representantes de todos los principales partidos políticos pakistaníes aprobaran una resolución en que animaron al gobierno a platicar con los rebeldes.

También los talibanes parecían abiertos al diálogo, pues una "shura" (consejo consultivo) analizó durante tres días la oferta de paz y declararon estar dispuestos a aceptarla sobre la base de las "medidas de confianza" exigidas por Shahid.

Pero el ejército pakistaní prosigue su ofensiva en varias zonas del noroeste, incluido el valle de Swat, y tampoco los talibanes están cruzados de brazos, lo que arroja un manto de escepticismo sobre las conversaciones de paz.

El atentado al mayor general Khan, dicho sea de paso, no ha sido el único en las últimas 48 horas.

En la noche del sábado, los insurgentes emboscaron a una patrulla policial en las cercanías de la ciudad de Bannu (noroeste) y mataron a dos de ellos e hirieron a cuatro, mientras el domingo, liquidaron con una bomba a un soldado e hirieron a otro en la zona tribal de Waziristán Norte.

La única señal de acercamiento entre los bandos está incluso en entredicho, pues mientras los talibanes aseguraron que a mediados de semana intercambiaron un pequeño número de prisioneros con el ejército, este negó el canje.

Una tregua permanente entre el gobierno y los rebeldes es clave no solo para asegurar la paz y la estabilidad en Pakistán, sino también una relativa garantía para la pacificación y reconstrucción del vecino Afganistán, máxime a la retirada de las tropas de Estados Unidos y la OTAN de la devastada nación centroasiática.

Por lo pronto, hace unos días Islamabad liberó a siete líderes talibanes afganos, incluido Mansoor Dadullah, un excomandante de los rebeldes en el sur de Afganistán, a fin de propiciar el diálogo entre la insurgencia y el gobierno del vecino país.

Ya a fines del año pasado Pakistán había liberado a 26 talibanes, incluidos algunos importantes jefes, pero varios incidentes en la frontera común y el casi permanente reproche de Kabul de que no hace lo suficiente para batir a la insurgencia tensaron las relaciones bilaterales y malograron el proceso.

Una reciente entrevista en Islamabad entre el presidente Hamid Karzai y el primer ministro Sharif parece haber zanjado las diferencias y colocado a los dos gobiernos en un frente común ante los talibanes.

Uno de los pedidos de Karzai fue precisamente la liberación de otro grupo de rebeldes para facilitar las conversaciones de paz en un momento crucial de la historia de su país.

Pero según analistas, la aparente voluntad de los talibanes pakistaníes y afganos de concurrir a la mesa de negociaciones oculta la intención de ganar tiempo y reagrupar fuerzas para lanzar una ofensiva tras la salida de las tropas extranjeras de Afganistán.

rc/asg