SECRETARIO GENERAL PS: COMIENZA UN NUEVO CICLO

17.12.2013 20:38

Michelle Bachelet fue elegida ayer como nueva Presidenta con un impresionante 62%. Para ella se trata de un logro sin precedentes en la historia de Chile. El único honor más grande que ser elegida Presidenta de la República, es ser elegida dos veces Presidenta de la República. Sin contar los decenios del siglo 19 -cuando existía reelección inmediata, pero con un reducido electorado-, Bachelet equipara la marca de Arturo Alessandri Palma, quien fue también elegido en dos ocasiones (1920 y 1932). Su elección se enmarca en una sociedad que desea cambiar, que desea hacerlo en democracia, pero que percibe que las instituciones que la rigen no favorecen ese cambio. Es el principal desafío de Bachelet y de los partidos que la apoyan: ser capaces de conducir, con tanta audacia como responsabilidad, los cambios que Chile necesita.

Pocas veces un programa de gobierno había sido tantas veces ratificado por la ciudadanía. Cuando se escriba la historia del año 2013, se dirá cómo Michelle Bachelet planteó las líneas directrices de futura gestión apenas se bajó del avión de vuelta de Nueva York. Reforma tributaria, reforma educacional y nueva Constitución fueron los pilares de su campaña desde el inicio. El telón de fondo de esas tres reformas fue también claro: el llamado a superar la desigualdad en todas sus facetas, y a lograr lo que ella llama una "buena política".

Cuatro veces los chilenos ratificaron esa propuesta. En la elección primaria del mes de junio, donde dos millones 100 mil chilenos votan por los candidatos de la Nueva Mayoría, y Bachelet obtiene el 73% de los votos; en la primera vuelta presidencial, donde votan seis millones 700 mil chilenos (alrededor del 58% del padrón real) y ella obtiene el 46,6% de los votos, a pesar de la dispersión que produce la participación de nueve candidatos presidenciales. Se ratifica en la parlamentaria, donde la lista de la Nueva Mayoría, al alero inequívoco de su figura y de su programa, obtiene 47,7% de los votos. Y lo ratifica ahora, en una segunda vuelta donde obtiene el más alto porcentaje (62%) que candidato alguno haya obtenido en el pasado.

El desafío que tiene Bachelet es inmenso. Pero ella probablemente dejó su cargo internacional y aceptó ser candidata no porque la tarea fuera fácil, sino porque era una tarea difícil. Se trata, ni más ni menos, que de encabezar un nuevo ciclo en la política chilena.

La abstención se erigió como tema de debate en esta elección. Tanto la derecha como algunos candidatos alternativos intentaron, en un inicio, mellar la legitimidad del resultado. Pero a partir del momento que Bachelet saca más votos en segunda que en primera vuelta, ese intento cae rotundamente: no se puede acusar poca legitimidad en el otro cuando fueron los propios los que no fueron a votar.

Con todo, no hay que ser sordos al escepticismo que existe en parte de la ciudadanía para con la política. Bachelet, ciertamente, obtuvo este contundente triunfo, porque simboliza una mejor política. La solución es clara: necesitamos una política con mayores grados de inclusión, mejor competencia, mayor descentralización y más transparencia. Para eso, una nueva Constitución se hace indispensable. Los resabios autoritarios que existen en la Constitución de 1980 (sin contar su vergonzoso origen dictatorial) impiden una buena política. El veto de la minoría -hoy incluso más minoritaria que ayer- se acaba en Chile. Comienza un nuevo ciclo, que sin duda requerirá diálogo amplio, pero de renovada base política.